"El otoño en l’Ametlla de Mar, cuando el Mediterráneo cambia de ritmo"

"El otoño en l’Ametlla de Mar, cuando el Mediterráneo cambia de ritmo"

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"El otoño en l’Ametlla de Mar, cuando el Mediterráneo cambia de ritmo"

Hay un momento del año en el que l’Ametlla de Mar parece respirar diferente. El verano se va despidiendo poco a poco, los días se acortan, las playas recuperan la calma y aquel Mediterráneo intenso de los meses de julio y agosto deja paso a un mar más pausado. Ha llegado el otoño. Pero aquí, a orillas del Mediterráneo, el otoño no siempre se parece a aquella imagen de hojas secas, abrigos y días grises que a menudo asociamos con esta estación. En l’Ametlla de Mar, el otoño sigue teniendo mucho de azul.

El mismo mar, otra manera de vivirlo

El sol ya no quema como unas semanas atrás y caminar junto al mar vuelve a ser uno de esos pequeños placeres que no necesitan mucha planificación. Solo hace falta calzarse cómodamente y empezar a caminar.

El camino de ronda acompaña la costa de l’Ametlla de Mar entre pinos, rocas y calas. En cada curva aparece una perspectiva diferente del Mediterráneo. A veces el sendero se acerca tanto al mar que casi podemos sentir su espuma; otras, asciende ligeramente y nos regala una panorámica abierta de la costa.

Cala Vidre, Cala Forn, Xelín, l’Estany Tort, Calafató... Rincones que durante el verano son sinónimo de baño y días de playa se convierten ahora en pequeñas paradas en el camino. Lugares donde sentarse unos minutos, mirar el horizonte, escuchar el mar y, por qué no, darse un baño.

Las calas están más tranquilas y el agua continúa con una buena temperatura y mostrando ese abanico de azules y transparencias tan característico de la costa de l’Ametlla de Mar. Bajo la superficie, las praderas de posidonia forman parte de este paisaje mediterráneo, mientras en tierra los pinos llegan prácticamente hasta tocar las rocas.

El Mediterráneo continúa allí. Solo ha cambiado la manera de mirarlo.

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Un pueblo que continúa mirando al mar

En el núcleo urbano, el otoño también se deja sentir. Por la mañana, las barcas de pesca ya llevan horas mar adentro y, en el puerto, las redes, las embarcaciones y la actividad cotidiana recuerdan que l’Ametlla de Mar es una villa que ha crecido mirando al Mediterráneo.

Pasear por el puerto, recorrer el paseo marítimo o perderse por las calles del casco antiguo permite descubrir esta identidad marinera sin prisas.

Cuando llega la tarde, la luz baja y las fachadas, las barcas y el mar adquieren tonalidades diferentes. Es un buen momento para acercarse hasta alguno de los miradores del pueblo o, simplemente, buscar un lugar frente al Mediterráneo y dejar pasar el tiempo.

Porque aquí hay días en los que el mejor plan es, precisamente, no tener ninguno.

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Caminar hasta que caiga el sol

El otoño invita especialmente a descubrir el territorio a pie. Podemos seguir el GR-92 hacia el norte o hacia el sur, caminar entre calas y acantilados o llegar hasta uno de los lugares más emblemáticos del litoral, el Castillo de Sant Jordi d’Alfama.

Cuando el sol comienza a bajar, la piedra del castillo, los pinos y el Mediterráneo forman uno de esos paisajes que explican por qué esta costa merece ser descubierta también fuera del verano.

Los miradores repartidos por el litoral, el puerto o cualquier rincón elevado del Camino de Ronda también pueden convertirse en lugares privilegiados para contemplar cómo cambia la luz.

El otoño tiene esta virtud, nos vuelve a enseñar a mirar.

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Y después de caminar, la mesa

Quizá hemos pasado la mañana recorriendo el Camino de Ronda. Quizá hemos estado navegando, pedaleando o simplemente paseando por el pueblo. Sea como sea, llega un momento en que el otoño también empieza a disfrutarse sentados a la mesa.

Y en l’Ametlla de Mar, hablar de mesa es volver a hablar del mar.

La cocina marinera forma parte de la identidad de la localidad y el otoño nos trae una de las citas gastronómicas más esperadas del año, las Jornadas Gastronómicas del Pescado de Lonja y del Arrossejat, que este año se celebrarán del 9 al 18 de octubre.

Durante estos días, los restaurantes participantes convertirán el pescado de nuestra costa en protagonista de menús especialmente pensados para descubrir el producto local y una cocina estrechamente vinculada a la tradición pesquera de l’Ametlla de Mar.

Y entre todos estos sabores hay un plato que explica como pocos los orígenes marineros de la Cala, el arrossejat. Nacido a bordo de las barcas de los pescadores, es una de esas recetas que han pasado de generación en generación hasta convertirse en uno de los grandes símbolos de la gastronomía local.

El momento central de las jornadas llegará la tarde del 17 de octubre, cuando l’Ametlla de Mar celebrará la cuadragésima edición de la Diada de l’Arrossejat, una cita que traslada esta tradición marinera a la calle e invita a descubrirla en un ambiente festivo y popular.

Porque en l’Ametlla de Mar, el paisaje también se descubre a través del paladar.

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